La sociedad Griega
Los griegos llamaban a sus ciudades polis,
vocablo del que deriva la palabra «política», en referencia al gobierno de las
ciudades. En ellas solo los hombres libres, oriundos de la polis, podían ser
ciudadanos y participar en la vida política de la ciudad.
Los ciudadanos despreciaban los trabajos
rurales y manuales, que eran realizados por esclavos y por campesinos libres
pobres, quienes estaban excluidos de las actividades políticas. En la ciudad de
Atenas se desarrolló la democracia como forma de organización política.
La sociedad Romana
Los romanos, por su parte, crearon la
República: un sistema político en que se considera que el Gobierno es del
interés de todos los ciudadanos. Sin embargo, el ejercicio de la política no se
hacía en forma directa. Los romanos interesados en participar en el Gobierno
debían hacer una carrera política.
Quienes seguían esa carrera se
transformaban en representantes de los diversos sectores de la ciudadanía, es
decir, de los sectores sociales libres. La República y la participación
política de los ciudadanos romanos comenzaron a decaer con la expansión del
Imperio. Cuando eso ocurrió, el gobierno de Roma se transformó en un principado
con algunas características semejantes a las teocracias orientales.
En relación a la esclavitud
dentro de la civilización grecorromana es importante subrayar la siguiente
diferencia:
El trabajo
esclavo permitía generar más excedentes porque el esclavo no se quedaba con
parte de la producción, cosa que sí hacían los campesinos libres. Muchos de los
esclavos eran prisioneros de guerra, que luego de ser capturados se ponían a la
venta. En Grecia y Roma, los esclavos eran considerados como objetos parlantes,
herramientas con vida, cuya única función era resolver las tareas manuales, tanto
agrícolas como artesanales.
El mundo
grecorromano era esclavista porque su economía estaba sostenida en el trabajo
de los esclavos.
No se
trataba de sociedades que contaban con esclavos –como las de Oriente o América–
sino de sociedades que dependían de la esclavitud para producir sus excedentes.
En Grecia y Roma, los esclavos no se convertían en tales solo por ser deudores
o prisioneros de guerra (como en Oriente y América). Otra diferencia
fundamental era que en la sociedad griega y en la romana los esclavos eran
considerados mercancías que se podían comprar y vender.
Veamos ahora
el caso de Roma, que se convirtió en el imperio más grande de la antigüedad y
posteriormente se desintegró producto de una crisis en la que confluyeron
varios factores.
Roma
Expansión y crisis de la sociedad esclavista
Con el
correr de los siglos, Roma se convirtió en uno de los imperios más poderosos de
la antigüedad. Extendió sus dominios sobre grandes zonas que incluían Europa,
norte de África y parte de Asia. Su riqueza se basaba en una economía que se
desarrollaba fundamentalmente con el trabajo de los esclavos y sus posesiones
territoriales eran tales que llamaban al Mar Mediterráneo «el mar nuestro». Con
sus conquistas, Roma incorporó nuevos territorios y los recursos que ellos
tenían. Estos incluían grandes cantidades de esclavos que trabajaban aumentando
las riquezas de los grupos poderosos y del imperio en su conjunto. También
tomaron protagonismo político los jefes militares victoriosos de las campañas.
Sin embargo,
la expansión territorial no solo alteró los aspectos políticos (la
transformación de la República romana en el Imperio), sino también los sociales
y económicos. Por un lado, la conquista le aportó a Roma una enorme riqueza
porque cuando dominaba a otros pueblos
se apropiaba de parte de sus recursos, pero también le generó enormes gastos,
ya que debía mantener a los funcionarios quienes debían ejercer el poder en
nombre de Roma en los territorios conquistados. Los jefes militares adquirieron
mucho poder y al Imperio le resultaba cada vez más difícil controlarlos. Esto
generó una crisis política, conocida como «anarquía militar».
Cuando se frenó la expansión territorial, la
economía dejó de crecer porque el Imperio no podía sumar nuevos recursos.
Principalmente se cortó la provisión de esclavos que eran la base de la
economía. El imperio ingresó en una etapa de crisis económica.
En los
límites geográficos del imperio se asentaron tribus que llegaban de diversas
regiones del norte de Europa y de Asia. Algunas convivieron pacíficamente, en
tanto otras lucharon por avanzar sobre el territorio romano.
En el siglo
III se había vuelto imposible controlar un territorio tan grande desde un
centro imperial.
La crisis generalizada debilitó al Imperio y
favoreció la invasión de aquellos pueblos. Finalmente el imperio romano se
desintegró. En el siglo V, el Mediterráneo –que se había romanizado como
consecuencia de la expansión de Roma– dejó de ser una unidad política y
cultural.
La
desintegración del Imperio romano marcó el fin de un tipo de estructura: la
Antigüedad. La crisis generalizada que terminó con la sociedad antigua dio paso
a una etapa de transición. Concluida dicha transición se formó una nueva
estructura: el feudalismo. Se inició desde entonces la etapa de la sociedad feudal.
El escenario previo a la conquista: la Europa feudal y las sociedades americanas.
El origen del feudalismo
Con la
desintegración del Imperio, se produjo la ruptura de la unidad del
Mediterráneo. En su región oriental quedó constituido el Imperio bizantino.
En la parte occidental de Europa se produjo un
proceso de contacto y de fusión de la cultura romana con la de los pueblos
«bárbaros» (que hablaban lenguas germánicas), dando lugar a la formación de los
reinos romano-germánicos.
En el siglo
VIII, Europa fue nuevamente invadida por diversos pueblos. Entre ellos, los
árabes, provenientes de la península arábiga que se asentaron en la península
ibérica (en el actual territorio español y portugués) y los normandos, llegados
de la península escandinava, que se distribuyeron por todo el territorio
europeo. Los pueblos árabes tenían una unidad cultural dada por la lengua y sus
creencias religiosas. En el seno de la cultura árabe surgió una nueva religión
llamada islam o religión musulmana, cuyo líder fue el profeta Mahoma. El libro
sagrado de esta nueva religión monoteísta –el Corán– llama a sus seguidores a
divulgar el islam.
Europa
volvió a experimentar un proceso de unificación política cuando el rey de los
francos, Carlomagno, fue coronado
emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en la navidad del año 800. Pero
fue una experiencia breve que se diluyó con la muerte del emperador. La
fragmentación política iba a ser una de las características más significativas
del período. El poder iba a estar en manos de la nobleza terrateniente europea. Con el fin del imperio carolingio se
profundizó el proceso de feudalización, cuyos rasgos más distintivos se dieron
entre los siglos IX y XI, período denominado Alta Edad Media por los historiadores.
Los oratores eran miembros de la Iglesia,
quienes junto a la nobleza guerrera
formaban el estamento superior del orden feudal. Eran quienes velaban por la
salvación del conjunto de la sociedad. Habían construido su poder con la
apropiación de extensos territorios de diversas regiones europeas a través de
donaciones. Se encargaban de mantener las creencias religiosas y así mantener
el orden vigente, estático y jerarquizado de la sociedad. Para ello contaban
con monjes, curas, abades y obispos. Eran quienes se encargaban de copiar los
textos sagrados en latín y preservarlos en los templos y abadías, las que se
convirtieron en centros de cultura e intelectualidad.
Los bellatores eran los miembros de la
aristocracia terrateniente (los señores), quienes se vinculaban entre sí a
través de los lazos de vasallaje. Esta práctica consistía en un acuerdo, el
contrato feudal, a través del cual un vasallo prometía lealtad personal a un
señor más poderoso. A cambio, obtenía un feudo. Es decir, podía ejercer sus
derechos señoriales sobre un conjunto de campesinos. Un señor feudal era más o
menos poderoso según la cantidad de vasallos con la que contara. Sus vasallos y
caballeros formaban parte de su ejército y vivían en su castillo. Por eso era
necesario que tuviera cuantiosos recursos para alimentar y armarlos.
Entre los
derechos de los señores debemos mencionar el de obligar a los campesinos a
trabajar en sus tierras –llamadas la
reserva señorial–. Los campesinos tampoco tenían libertad de casarse, para
ello debían pedirle permiso al señor. Cuando aquellos morían, el señor heredaba
sus bienes.
Los señores tenían el derecho de ban que les permitía el cobro de rentas por el uso de
caminos y los ríos. Los campesinos también debían pagarle por utilizar molinos
y hornos del señor. Asimismo, dentro del derecho de ban se incluía la facultad
de administrar justicia y el cobro de multas.
La sociedad
feudal estaba compuesta en su mayoría por los laboratores, campesinos que se
dedicaban a la ganadería y agricultura. El lugar de residencia de este sector
social era la aldea, donde tenían pequeñas parcelas de tierra llamadas mansos
para cultivar y criar algunos animales para su propia subsistencia. También
obtenían recursos de las tierras comunales, como por ejemplo la leña,
aprovisionamiento de agua o cazando pequeños animales. Las familias campesinas
se autoabastecían, es decir, producían su propio alimento y elaboraban aquellos
elementos que necesitaban para vivir, como vestidos o herramientas de trabajo.
Era el sector social más numeroso. Además de procurarse lo necesario para
vivir, debía sostener a los señores con su trabajo.
Los cambios de la sociedad feudal a partir del siglo
XI
En el siglo
XI se produjo un crecimiento de la economía agrícola gracias al uso de nuevas
técnicas de cultivo y de la colonización de nuevas tierras. Hubo un
resurgimiento de las ciudades y de la
actividad comercial, como consecuencia del aumento de la producción de
excedentes. En ese contexto surgieron los burgueses.
Se crearon las universidades en las que se producían el pensamiento y los
saberes que en los siglos posteriores constituirían la base del Humanismo.
Entre los
siglos XI y XIII, la Europa feudal vivió un período de expansión económica y de
desarrollo cultural que los historiadores denominaron la Baja Edad Media.





