lunes, 16 de noviembre de 2020

CLASE 4 Y 5

 

La sociedad Griega

 Los griegos llamaban a sus ciudades polis, vocablo del que deriva la palabra «política», en referencia al gobierno de las ciudades. En ellas solo los hombres libres, oriundos de la polis, podían ser ciudadanos y participar en la vida política de la ciudad.

 Los ciudadanos despreciaban los trabajos rurales y manuales, que eran realizados por esclavos y por campesinos libres pobres, quienes estaban excluidos de las actividades políticas. En la ciudad de Atenas se desarrolló la democracia como forma de organización política.

La sociedad Romana

 Los romanos, por su parte, crearon la República: un sistema político en que se considera que el Gobierno es del interés de todos los ciudadanos. Sin embargo, el ejercicio de la política no se hacía en forma directa. Los romanos interesados en participar en el Gobierno debían hacer una carrera política.

Quienes seguían esa carrera se transformaban en representantes de los diversos sectores de la ciudadanía, es decir, de los sectores sociales libres. La República y la participación política de los ciudadanos romanos comenzaron a decaer con la expansión del Imperio. Cuando eso ocurrió, el gobierno de Roma se transformó en un principado con algunas características semejantes a las teocracias orientales.

En relación a la esclavitud dentro de la civilización grecorromana es importante subrayar la siguiente diferencia:



El trabajo esclavo permitía generar más excedentes porque el esclavo no se quedaba con parte de la producción, cosa que sí hacían los campesinos libres. Muchos de los esclavos eran prisioneros de guerra, que luego de ser capturados se ponían a la venta. En Grecia y Roma, los esclavos eran considerados como objetos parlantes, herramientas con vida, cuya única función era resolver las tareas manuales, tanto agrícolas como artesanales.

El mundo grecorromano era esclavista porque su economía estaba sostenida en el trabajo de los esclavos.

No se trataba de sociedades que contaban con esclavos –como las de Oriente o América– sino de sociedades que dependían de la esclavitud para producir sus excedentes. En Grecia y Roma, los esclavos no se convertían en tales solo por ser deudores o prisioneros de guerra (como en Oriente y América). Otra diferencia fundamental era que en la sociedad griega y en la romana los esclavos eran considerados mercancías que se podían comprar y vender.



Veamos ahora el caso de Roma, que se convirtió en el imperio más grande de la antigüedad y posteriormente se desintegró producto de una crisis en la que confluyeron varios factores.   

Roma

 

Expansión y crisis de la sociedad esclavista

Con el correr de los siglos, Roma se convirtió en uno de los imperios más poderosos de la antigüedad. Extendió sus dominios sobre grandes zonas que incluían Europa, norte de África y parte de Asia. Su riqueza se basaba en una economía que se desarrollaba fundamentalmente con el trabajo de los esclavos y sus posesiones territoriales eran tales que llamaban al Mar Mediterráneo «el mar nuestro». Con sus conquistas, Roma incorporó nuevos territorios y los recursos que ellos tenían. Estos incluían grandes cantidades de esclavos que trabajaban aumentando las riquezas de los grupos poderosos y del imperio en su conjunto. También tomaron protagonismo político los jefes militares victoriosos de las campañas.

Sin embargo, la expansión territorial no solo alteró los aspectos políticos (la transformación de la República romana en el Imperio), sino también los sociales y económicos. Por un lado, la conquista le aportó a Roma una enorme riqueza porque  cuando dominaba a otros pueblos se apropiaba de parte de sus recursos, pero también le generó enormes gastos, ya que debía mantener a los funcionarios quienes debían ejercer el poder en nombre de Roma en los territorios conquistados. Los jefes militares adquirieron mucho poder y al Imperio le resultaba cada vez más difícil controlarlos. Esto generó una crisis política, conocida como «anarquía militar».

Cuando se frenó la expansión territorial, la economía dejó de crecer porque el Imperio no podía sumar nuevos recursos. Principalmente se cortó la provisión de esclavos que eran la base de la economía. El imperio ingresó en una etapa de crisis económica.

En los límites geográficos del imperio se asentaron tribus que llegaban de diversas regiones del norte de Europa y de Asia. Algunas convivieron pacíficamente, en tanto otras lucharon por avanzar sobre el territorio romano.

En el siglo III se había vuelto imposible controlar un territorio tan grande desde un centro imperial.

 La crisis generalizada debilitó al Imperio y favoreció la invasión de aquellos pueblos. Finalmente el imperio romano se desintegró. En el siglo V, el Mediterráneo –que se había romanizado como consecuencia de la expansión de Roma– dejó de ser una unidad política y cultural.

La desintegración del Imperio romano marcó el fin de un tipo de estructura: la Antigüedad. La crisis generalizada que terminó con la sociedad antigua dio paso a una etapa de transición. Concluida dicha transición se formó una nueva estructura: el feudalismo. Se inició desde entonces la etapa de la sociedad feudal.



El escenario previo a la conquista: la Europa feudal y las sociedades americanas.

 

El origen del feudalismo

 Con la desintegración del Imperio, se produjo la ruptura de la unidad del Mediterráneo. En su región oriental quedó constituido el Imperio bizantino.

 En la parte occidental de Europa se produjo un proceso de contacto y de fusión de la cultura romana con la de los pueblos «bárbaros» (que hablaban lenguas germánicas), dando lugar a la formación de los reinos romano-germánicos.

En el siglo VIII, Europa fue nuevamente invadida por diversos pueblos. Entre ellos, los árabes, provenientes de la península arábiga que se asentaron en la península ibérica (en el actual territorio español y portugués) y los normandos, llegados de la península escandinava, que se distribuyeron por todo el territorio europeo. Los pueblos árabes tenían una unidad cultural dada por la lengua y sus creencias religiosas. En el seno de la cultura árabe surgió una nueva religión llamada islam o religión musulmana, cuyo líder fue el profeta Mahoma. El libro sagrado de esta nueva religión monoteísta –el Corán– llama a sus seguidores a divulgar el islam.

Europa volvió a experimentar un proceso de unificación política cuando el rey de los francos, Carlomagno, fue coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en la navidad del año 800. Pero fue una experiencia breve que se diluyó con la muerte del emperador. La fragmentación política iba a ser una de las características más significativas del período. El poder iba a estar en manos de la nobleza terrateniente europea. Con el fin del imperio carolingio se profundizó el proceso de feudalización, cuyos rasgos más distintivos se dieron entre los siglos IX y XI, período denominado Alta Edad Media por los historiadores.       





 

Los oratores eran miembros de la Iglesia, quienes junto a la  nobleza guerrera formaban el estamento superior del orden feudal. Eran quienes velaban por la salvación del conjunto de la sociedad. Habían construido su poder con la apropiación de extensos territorios de diversas regiones europeas a través de donaciones. Se encargaban de mantener las creencias religiosas y así mantener el orden vigente, estático y jerarquizado de la sociedad. Para ello contaban con monjes, curas, abades y obispos. Eran quienes se encargaban de copiar los textos sagrados en latín y preservarlos en los templos y abadías, las que se convirtieron en centros de cultura e intelectualidad.

Los bellatores eran los miembros de la aristocracia terrateniente (los señores), quienes se vinculaban entre sí a través de los lazos de vasallaje. Esta práctica consistía en un acuerdo, el contrato feudal, a través del cual un vasallo prometía lealtad personal a un señor más poderoso. A cambio, obtenía un feudo. Es decir, podía ejercer sus derechos señoriales sobre un conjunto de campesinos. Un señor feudal era más o menos poderoso según la cantidad de vasallos con la que contara. Sus vasallos y caballeros formaban parte de su ejército y vivían en su castillo. Por eso era necesario que tuviera cuantiosos recursos para alimentar y armarlos.

Entre los derechos de los señores debemos mencionar el de obligar a los campesinos a trabajar en sus tierras –llamadas la reserva señorial–. Los campesinos tampoco tenían libertad de casarse, para ello debían pedirle permiso al señor. Cuando aquellos morían, el señor heredaba sus bienes.

Los señores tenían el derecho de ban que les permitía el cobro de rentas por el uso de caminos y los ríos. Los campesinos también debían pagarle por utilizar molinos y hornos del señor. Asimismo, dentro del derecho de ban se incluía la facultad de administrar justicia y el cobro de multas.

La sociedad feudal estaba compuesta en su mayoría por los laboratores, campesinos que se dedicaban a la ganadería y agricultura. El lugar de residencia de este sector social era la aldea, donde tenían pequeñas parcelas de tierra llamadas mansos para cultivar y criar algunos animales para su propia subsistencia. También obtenían recursos de las tierras comunales, como por ejemplo la leña, aprovisionamiento de agua o cazando pequeños animales. Las familias campesinas se autoabastecían, es decir, producían su propio alimento y elaboraban aquellos elementos que necesitaban para vivir, como vestidos o herramientas de trabajo. Era el sector social más numeroso. Además de procurarse lo necesario para vivir, debía sostener a los señores con su trabajo.

Los cambios de la sociedad feudal a partir del siglo XI

 

En el siglo XI se produjo un crecimiento de la economía agrícola gracias al uso de nuevas técnicas de cultivo y de la colonización de nuevas tierras. Hubo un resurgimiento de las ciudades y de la actividad comercial, como consecuencia del aumento de la producción de excedentes. En ese contexto surgieron los burgueses. Se crearon las universidades en las que se producían el pensamiento y los saberes que en los siglos posteriores constituirían la base del Humanismo.

Entre los siglos XI y XIII, la Europa feudal vivió un período de expansión económica y de desarrollo cultural que los historiadores denominaron la Baja Edad Media.



 

CLASE 4 Y 5

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