CLASE 13

 volvamos al año del «descubrimiento».

Los viajes de Colón no fueron lo único que hizo de 1492 uno año trascendente. Previamente a convertirse en los financiadores del famoso genovés, los Reyes Católicos –Isabel de Castilla y Fernando de Aragón– emprendieron ese mismo año la tarea de unificar su reino. Delimitaron el territorio dentro del cual vivirían sus súbditos. La tarea fue reorganizar una unidad en donde todos hablaran el mismo idioma castellano- y profesaran la misma religión -católica apostólica y romana-.

 Una de las bases sobre la que se asentaba la unificación propuesta por los Reyes Católicos era la uniformidad religiosa, por eso decidieron y decretaron la expulsión de toda la comunidad judía y de los llamados moros, que no eran otros que los descendientes de aquellos musulmanes que habían llegado a la península en el siglo VIII. Con esos actos los reyes católicos inauguraban el Estado moderno español.

Los reyes católicos establecieron medidas que implicaron un mayor control de la población, lo que convertía a los habitantes del reino en «súbditos de la corona». Una vez llegados a América, los europeos buscaron trasladar el nuevo sistema social, ya que el control y la vigilancia eran indispensables en aquellas tierras desconocidas y habitadas por seres tan distintos y que deseaban dominar.

El etnocentrismo europeo

A partir de las conquistas de España y Portugal –y más tarde de Inglaterra y Francia–, las potencias imperiales conformarían junto al continente americano una nueva realidad geopolítica y cultural común, que se denomina Hemisferio Occidental o Cultura Occidental.

Las potencias europeas confiaban en la trascendencia de su empresa de colonización. Creían en la superioridad de su propia cultura y por lo tanto justificaron su imposición sobre otros pueblos en nombre de la civilización.

Esa característica puede definirse a partir del concepto de etnocentrismo, es decir, cuando una cultura se considera a sí misma superior, respecto a otras culturas a las que considera inferiores o atrasadas.

En este caso, al ser la cultura europea la que asumió esa posición, podemos hablar de eurocentrismo. Desde esa perspectiva etnocéntrica, el centro de cultura occidental era Europa y el continente americano era una periferia colonial. El mundo americano debía configurarse a imagen y semejanza de sus dominadores europeos.

La modernidad y la colonialidad

Existe un acuerdo generalizado que considera al «descubrimiento» de América por parte de los europeos como un acontecimiento que dio inicio a la modernidad.

La modernidad se asocia a un ciclo histórico donde la razón logró imponerse sobre los dogmas religiosos y el oscurantismo. Valorizó la capacidad de análisis, exaltó la filosofía y las ciencias, la independencia de los individuos por sobre los grupos a los que pertenecían, llegando incluso a postular su igualdad ante la ley.

Las interpretaciones difieren sobre las características, impacto y transformaciones que produjo ese nuevo tiempo en las distintas sociedades. Esas interpretaciones podríamos resumirlas básicamente en dos grandes líneas: hispanista o americanista. Mientras la primera elaboró una imagen de América representada como un continente estático que «despertó» ante la llegada de los europeos, para la segunda, los pueblos americanos eran sociedades igualitarias y vivían en armonía.

 Estas dos grandes líneas de interpretación sobre la conquista presentan aspectos problemáticos: la hispanista desconoce a las culturas americanas y considera que Europa contribuyó a la civilización de pueblos a los que considera que vivían en la barbarie.

La americanista si bien valora las culturas indígenas, no tiene en cuenta los conflictos internos y las luchas de poder que se dieron dentro de esas sociedades y que facilitaron la conquista europea.  Otras interpretaciones ubican a la modernidad como un proceso que no puede explicarse sin tener en cuenta la colonialidad, es decir, sin tener en cuenta la irrupción del dominio europeo sobre el continente americano.

Mediante el ejercicio del poder colonial, no solo se explotó a hombres y mujeres, tierras y riquezas, sino también se buscó de forma deliberada terminar con sus costumbres, sus ritos religiosos y sus ideas sobre el mundo. Para quienes adscriben a este enfoque, la modernidad –cuando se extendió fuera de Europa– desarrolló siempre una forma de imperialismo que generó vínculos coloniales. En este sentido, sostienen que fuera de Europa no se puede ser moderno sin ser colonial.

La implementación de las nuevas relaciones de poder colonial contribuiría –entre otros aspectos– con la expansión y consolidación de la economía-mundo.



El inicio de la colonización

española en América En este punto vamos a analizar cómo fue el proceso de conquista del territorio americano comenzando por la zona a la que arribó Colón en 1492 y finalizando con la derrota y dominio de las grandes civilizaciones americanas: los aztecas de la zona del actual México y los incas que dominaban en la región sur del continente americano.

Las Antillas

La primera etapa de la colonización de América se extendió entre los años 1492 y 1533 cuando cayeron bajo dominio de los conquistadores la zona de las Antillas y los grandes imperios de México y Perú.

En la zona de las Antillas, Colón bautizó a la Isla de Santo Domingo y Haití con el nombre de La Española que se convirtió rápidamente en el centro desde el cual partían las numerosas expediciones de conquista hacia otras zonas del nuevo continente.

Las comunidades indígenas que allí habitaban, los taínos y caribes –entre otros pueblos que habían recibido sin demasiada oposición la llegada de Colón– pronto fueron obligados a trabajar en la búsqueda y recolección de perlas marinas y del oro de aluvión que se podía encontrar fácilmente sobre el cauce de los ríos.

Este descubrimiento de riquezas de sencilla obtención convirtió a los indígenas en mano de obra obligada a trabajar en pos de la ambición de los conquistadores instalados en sus tierras. Como consecuencia de ello, entre 1492 y 1520 la población antillana descendió brutalmente hasta casi desaparecer.

Al trabajo forzado se sumaron las enfermedades traídas por los españoles como la viruela. También hicieron estragos entre la población los factores psicológicos causados por la derrota y las nuevas relaciones sociales impuestas, como veremos más adelante.

A partir del año 1500 los españoles dominaron las islas de Cuba, Jamaica y Puerto Rico y fueron trasladando a la población indígena hacia las zonas donde se encontraba el oro y las demás riquezas que deseaban extraer.

 A medida que avanzaba el proceso, llegaban a oídos de los viajeros y expedicionarios los rumores de la existencia de grandes imperios donde abundaba el oro, la plata y cuantiosas riquezas además de una población de millones de indígenas.

 A la par crecieron las fábulas y leyendas respecto a lugares maravillosos y fuentes de eterna juventud que animaban a los viajeros a embarcarse en aventuras de las que muchos no regresaron jamás. En 1497 se habilitaron las expediciones de carácter privado costeadas por los propios navegantes.

En 1519, un pequeño grupo de españoles comandados por Hernán Cortés zarpó desde Santiago de Cuba hacia el norte, rumbo a la zona de México, donde los indígenas antillanos afirmaban existía un fabuloso imperio.


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