CLASE 14

 

El inicio de la colonización española en América

En este punto vamos a analizar cómo fue el proceso de conquista del territorio americano comenzando por la zona a la que arribó Colón en 1492 y finalizando con la derrota y dominio de las grandes civilizaciones americanas: los aztecas de la zona del actual México y los incas que dominaban en la región sur del continente americano.

Las Antillas

La primera etapa de la colonización de América se extendió entre los años 1492 y 1533 cuando cayeron bajo dominio de los conquistadores la zona de las Antillas y los grandes imperios de México y Perú.

En la zona de las Antillas, Colón bautizó a la Isla de Santo Domingo y Haití con el nombre de La Española que se convirtió rápidamente en el centro desde el cual partían las numerosas expediciones de conquista hacia otras zonas del nuevo continente.

Las comunidades indígenas que allí habitaban, los taínos y caribes –entre otros pueblos que habían recibido sin demasiada oposición la llegada de Colón– pronto fueron obligados a trabajar en la búsqueda y recolección de perlas marinas y del oro de aluvión que se podía encontrar fácilmente sobre el cauce de los ríos.

Este descubrimiento de riquezas de sencilla obtención convirtió a los indígenas en mano de obra obligada a trabajar en pos de la ambición de los conquistadores instalados en sus tierras. Como consecuencia de ello, entre 1492 y 1520 la población antillana descendió brutalmente hasta casi desaparecer.

Al trabajo forzado se sumaron las enfermedades traídas por los españoles como la viruela. También hicieron estragos entre la población los factores psicológicos causados por la derrota y las nuevas relaciones sociales impuestas, como veremos más adelante.

 A partir del año 1500 los españoles dominaron las islas de Cuba, Jamaica y Puerto Rico y fueron trasladando a la población indígena hacia las zonas donde se encontraba el oro y las demás riquezas que deseaban extraer.

A medida que avanzaba el proceso, llegaban a oídos de los viajeros y expedicionarios los rumores de la existencia de grandes imperios donde abundaba el oro, la plata y cuantiosas riquezas además de una población de millones de indígenas.

A la par crecieron las fábulas y leyendas respecto a lugares maravillosos y fuentes de eterna juventud que animaban a los viajeros a embarcarse en aventuras de las que muchos no regresaron jamás. En 1497 se habilitaron las expediciones de carácter privado costeadas por los propios navegantes.

En 1519, un pequeño grupo de españoles comandados por Hernán Cortés zarpó desde Santiago de Cuba hacia el norte, rumbo a la zona de México, donde los indígenas antillanos afirmaban existía un fabuloso imperio.

La conquista del Imperio azteca

Los aztecas conformaron una confederación muy poderosa, al anexar distintas ciudades a su centro político y económico en la ciudad de Tenochtitlán.

Además de dominar políticamente a las ciudades, estas debían pagar un tributo que se centralizaba en la capital del imperio.

Por esa razón, según cuentan las crónicas, el mercado o tianguis de los aztecas ofrecía una multiplicidad de productos y hermosas artesanías venidas de zonas muy lejanas del imperio. Cuando las huestes de Hernán Cortés arribaron a la península de Yucatán, el malestar de los pueblos oprimidos generó que muchos se unieran a los españoles con la esperanza de liberarse del dominio azteca.

Esta ayuda indispensable fue rápidamente aprovechada por los españoles. Cortés arribó con apenas 600 hombres y once naves. Se enfrentó sin embargo a un poderío que, según muchos cronistas, contaba con miles de guerreros.

La colaboración de otros pueblos como los tlaxcaltecas, sumado al uso de armas de fuego y de caballos –ambas cosas desconocidas para los aztecas– explica el fin del imperio en 1522. Sobre los restos de Tenochtitlán (capital del derrotado imperio azteca), los españoles erigieron la ciudad de México, que a partir de ese momento se convirtió en capital de unos de los centros coloniales más importantes de América.

Los numerosos templos dedicados a las deidades aztecas así como los libros sagrados fueron destruidos y reemplazados por iglesias del culto católico. En recompensa a tal hazaña, el rey de España, Carlos V, le otorgó a Cortés el cargo de gobernador y capitán general de la Nueva España.

La conquista del Imperio inca

Como vimos al estudiar las características del Imperio Inca, el llamado Tahuantinsuyo, se extendía desde la actual Colombia hasta Chile y la región de Cuyo en Argentina. Los españoles se habían lanzado a explorar a lo largo de las costas del Pacífico en busca de nuevos territorios y riquezas. Así fue que hacia 1532, el conquistador Francisco Pizarro navegó hacia el sur y llegó a territorio incaico con 200 hombres.

 Al igual que sucedió en la conquista del imperio azteca, los españoles encontraron un imperio dividido políticamente. Tras la muerte en 1527 del inca Huayna Capac se desató un conflicto sucesorio que enfrentó a dos hermanos: Huascar y Atahualpa. Este último era el emperador, mientras que Huascar, anhelaba ocupar su puesto al considerarse legítimo heredero del Inca. Pizarro supo aprovechar este conflicto e intervino en la guerra. Convenció a Atahualpa para concertar una entrevista y allí mismo lo tomó prisionero.

Si bien en 1544 los españoles crearon el Virreinato del Perú y establecieron las nuevas instituciones coloniales, fue para 1570 que lograron derrotar al último bastión de resistencia indígena en Cajamarca.




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