El Humanismo, el Renacimiento y la Reforma como expresiones artísticas, intelectuales y religiosas de la Modernidad
El Humanismo
Con el crecimiento de
las ciudades europeas y la consolidación de la burguesía surgió el Humanismo,
un movimiento intelectual y filosófico que expresaba los valores de esta nueva
clase social.
Los humanistas
–muchos de los cuales enseñaban en las universidades europeas– basaban sus
postulados en los seres humanos, a diferencia del pensamiento medieval centrado
en «lo divino».
Los humanistas
tuvieron como centro de sus reflexiones a «lo humano» y con ello al mundo. Los
humanos eran libres, en ejercicio de su libertad podían modificar la
realidad. La base de su propuesta era la
observación y la experimentación.
Entre los humanistas más
destacados de este movimiento mencionamos a Francisco Petrarca, un poeta
italiano, a quien se considera precursor del Humanismo. En su obra Cancionero,
Laura –una mujer a quien constituye como el objeto idealizado de su amor–
representa la belleza de la antigüedad y las virtudes cristianas.
Otros exponentes:
Erasmo de Rotterdam, autor de Elogio de la locura, en donde analizaba y
criticaba el orden social de ese momento. Tomas Moro, quien escribió Utopía,
obra desde la que describía una sociedad ideal, criticando los aspectos
negativos de la sociedad real.
En el ámbito de la reflexión política, Maquiavelo primer autor de la «ciencia política» moderna, escribió El Príncipe, donde reflexionaba sobre el ejercicio del poder de reyes y príncipes, y cuyas proposiciones fueron puestas en práctica por la mayoría de los monarcas absolutos europeos.
La
invención de la imprenta favoreció la difusión de las nuevas ideas, así como la
utilización de las lenguas locales y el abandono del latín, lo que amplió la
llegada de los textos a mayor cantidad de público.
El Renacimiento
Las ciudades italianas de los siglos XV y XVI fueron escenario de un movimiento artístico conocido como Renacimiento. Este término alude a la recuperación de la cultura de la Antigüedad, dado que sus artistas buscaban retomar las formas clásicas y diferenciarse del arte medieval. Al igual que los movimientos culturales de este período, el arte renacentista es otra de las expresiones representativas de la burguesía europea.
El Renacimiento
tradicionalmente ha sido dividido en dos períodos: el Quattrocento que abarca
el siglo XV y el Cinquecento, el siglo XVI.
Te proponemos que mires el video sobre el
Renacimiento.
El Quattrocento tuvo como centro la ciudad de Florencia, sus artistas
fueron apoyados por las familias ricas, como los Médicis, quienes gobernaban la
ciudad. Entre sus principales exponentes se encuentran el arquitecto Felipe
Brunelleschi, el escultor Donatello y el pintor Sandro Botticelli. Los temas
predominantes del período se nutrían de lo religioso. Sin embargo, su
tratamiento estaba más relacionado con lo terrenal, por lo que incluían
elementos de la naturaleza y de la vida cotidiana.
El Cinquecento, en cambio, se desarrolló en las ciudades de Roma y Venecia. Sus artistas más destacados fueron Leonardo Da Vinci, quien además de pintor era filósofo y arquitecto, Miguel Angel Buonarotti (Michelangelo) era escultor, pintor, poeta y arquitecto y Rafael Sanzio, pintor. Sus obras abordaban temas alejados de lo religioso, utilizando elementos de la geometría y la perspectiva (la representación del espacio tridimensional sobre una superficie plana). Los personajes de las pinturas y las esculturas renacentistas tenían formas profundamente humanas, así como el mundo de la naturaleza era representado con alegría y belleza.
La
Reforma religiosa
El
monje alemán Martín Lutero, un religioso de la orden de los Agustinos,
cuestionaba las prácticas llevadas a cabo por el clero y criticaba la autoridad
del papado, una institución a la que consideraba corrupta.
En 1517 publicó sus noventa y cinco tesis, en
las que planteó la necesidad de reformar la doctrina espiritual de la Iglesia:
la salvación del alma no se lograba a través de las obras cristianas o por el
sacramento de la confesión, sino que ello se lograba únicamente con la fe y la
gracia de Dios.
Para Lutero la relación entre Dios y los
fieles debía ser directa, sin la intermediación de los sacerdotes. Como ejemplo
de esto último, propuso la libre interpretación de la Biblia por parte de los
fieles.
Cuestionaba
el orden jerárquico de la Iglesia, así como la venta de indulgencias (los
pecados eran perdonados a cambio de donaciones que los fieles podían hacer para
la construcción de la Basílica de San Pedro) y la corrupción generalizada que
existía en su seno.
Después de profundas discusiones, el papa León
X rechazó las posturas del monje alemán y le solicitó que las rectificara. Ante
su negativa, Lutero fue excomulgado, a partir de lo cual inició la organización
de una nueva Iglesia que no reconocía la autoridad del Vaticano.
Las consecuencias de la
Reforma
La Reforma
generó una amplia adhesión, sobre todo en la nobleza alemana. Dicha reforma les
posibilitaba apoderarse de los bienes que la Iglesia poseía en el territorio
alemán.
El emperador Carlos V de Alemania, quien era también
Carlos I de España, perteneciente a la casa de Habsburgo, se enfrentó a Lutero
y lo expulsó del imperio.
Los nobles seguidores de Lutero protestaron contra
esta decisión, de allí el nombre de protestantes a los seguidores de la
reforma.
La Reforma no
solo fue un enfrentamiento de ideas y creencias: derivó en guerra entre quienes
apoyaban al Vaticano y quienes adherían a los reformistas.
El enfrentamiento entre Carlos V y los príncipes
luteranos culminó con la firma de la Paz de Augsburgo, que estipulaba que cada
príncipe podía optar por la religión que deseaba profesar (católica o protestante),
imponiendo su culto dentro de sus propios territorios.
El protestantismo, al expandirse por toda Europa,
adquirió diversas formas en los distintos reinos. En Francia, su líder era Juan
Calvino, quien fue expulsado por el Rey y se refugió en Suiza, desde donde dio
a conocer los fundamentos de su doctrina, que se expandió tanto allí como en
Escocia y Francia.
En cambio, en
Inglaterra el rey Enrique VIII tomó algunos de los fundamentos de Lutero,
desconoció la autoridad papal y creó la Iglesia anglicana, convirtiéndose en su
máxima autoridad.



No hay comentarios:
Publicar un comentario